Durante mucho tiempo, el ejercicio fue asociado principalmente con beneficios físicos, como mejorar la condición cardiovascular o fortalecer los músculos. Sin embargo, en los últimos años la investigación científica ha demostrado que la actividad física también tiene un efecto importante sobre la salud mental y la capacidad para gestionar las emociones. Mantener una rutina constante puede ayudar a afrontar el estrés, desarrollar disciplina y mejorar la manera en que las personas reaccionan ante los desafíos cotidianos.
Para Mónica Reyes Fuchs, empresaria especializada en marketing, estos beneficios han sido evidentes en su experiencia personal. Más allá de los resultados físicos, considera que el entrenamiento le ha permitido desarrollar paciencia, autocontrol y una mayor tolerancia a la frustración, habilidades que también aplica en su vida profesional y personal.
La disciplina del entrenamiento también fortalece la mente
Diversas investigaciones respaldan esta relación. Un estudio de la Universidad de Yale encontró que las personas físicamente activas reportan menos días de mala salud mental en comparación con quienes llevan una vida sedentaria. Asimismo, la American Psychological Association (APA) señala que el ejercicio favorece la liberación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y las endorfinas, sustancias vinculadas con el bienestar y la regulación emocional.
Mónica Reyes Fuchs explica que uno de los mayores aprendizajes que le ha dejado el ejercicio es la constancia. “El saber que puedo contar con el entrenamiento de todos los días (incluso cuando no rindo igual) me ha hecho más puntual y me ha permitido ser más disciplinada en todos los aspectos de mi vida. También me ha enseñado que nunca se empieza desde cero; incluso cuando hay pausas o días difíciles, siempre existe una base construida sobre la cual seguir avanzando”.
También destaca que la actividad física funciona como un espacio para canalizar emociones difíciles. “En mi experiencia, cuando tengo un outlet saludable como el ejercicio para mis emociones negativas, siento que tiendo a explotar mucho menos en una situación normal de la vida diaria”.
Un beneficio que va más allá del gimnasio
El desarrollo del autocontrol y la inteligencia emocional tiene efectos que trascienden el entrenamiento. Harvard Business Review ha señalado que las personas con mayores habilidades emocionales suelen responder mejor bajo presión, resolver conflictos con mayor eficacia y construir relaciones laborales más sólidas.
Para Mónica Reyes Fuchs, parte de ese crecimiento proviene de aprender a enfrentar la incomodidad propia del entrenamiento. “Cuando aprendí a tolerar el esfuerzo físico, a levantarme temprano aunque no quisiera, entre muchas otras cosas, aprendí a ser más tolerante en otros aspectos de mi vida”.
Además, estudios de la Universidad de Michigan indican que el ejercicio regular favorece el equilibrio químico del cerebro, lo que contribuye a reducir la irritabilidad y mejorar el bienestar general. Desde la experiencia de Mónica Reyes Fuchs, entrenar el cuerpo también significa fortalecer la capacidad para adaptarse a los retos cotidianos y construir relaciones personales más saludables.
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