El triunfo del odio

Julio Patán analiza las implicaciones de los resultados de la elección estadounidense. Es escritor, periodista cultural y conductor radiofónico y televisivo. Está encargado de la sección de Cultura en el noticiero matutino Despierta con Loret de Mola, conduce Hora 21 en Foro TV.

Olvidemos por un momento el resultado de la elección gringa, que a la hora de teclear estas líneas parece apuntar hacia Biden, y digamos esto: hay que ser pesimista.

Y es que sí, Biden, con una mesura eficaz que parecía olvidada en el mundo de la política, dominado por la mentira, la violencia verbal, el maniqueísmo y todas las otras gracias de la manera trumpiana de ejercer el poder, se puso en la puerta de la victoria, una victoria –lo dije en mi entrega anterior– de gran importancia, evidentemente, para los norteamericanos, para México y para el mundo en general, invadido de populistas. Urge, sí, urge un cambio de dirección.

Dicho esto, la elección es un fracaso en tanto referendo sobre la figura y la gestión de Trump. No es que uno sea optimista a estas alturas de la historia, pero caray: están la conexión rusa, y sus tantos deslices racistas, y su misoginia, y los de sus impuestos, y el muro, y la calificación de los migrantes mexicanos como violadores, y los niños en jaulas y separados de sus padres, y las operaciones ginecológicas sin autorización, y sus agravios a la gente de Puerto Rico, y sus insultos a los medios, y el desastre en el gabinete con sus mil cambios, y el segundo lugar en mentiras durante sus comparecencias públicas (le gana en este rubro nuestro presidente), y su vida de litigios grotescos… Y está, sobre todo, el manejo pavoroso, ignorante, bravucón, de la pandemia, un manejo que ha hecho de su país el que suma el número de muertes más grande del planeta, en una masacre de proporciones lópez-gatellianas.

Bueno, pues aun con semejante currículum, Trump dio una pelea feroz, gracias a que unos 70 millones de votantes nos recordaron que sí, que lo quieren y mucho. Es decir, 70 millones de personas nos recordaron lo que bien sabemos en México, que es lo que saben en Rusia, y en Hungría, y en Nicaragua, y en Polonia, y en Turquía. Saben que la xenofobia, el ataque al otro, son atractivos para muchos votantes. Saben que el rencor es una fuerza bien viva: te permite, por ejemplo, acabar de reventar el sistema médico sin perder aceptación, siempre que lo revientes con la intención expresa de perjudicar al objeto del odio de tus seguidores, dispuestos a sacrificar incluso su propia salud (es el caso de los Estados Unidos con Trump, como ilustra Timothy Snyder en su último libro).

Como nos recordaron que el autoritarismo es taquillero, máxime cuando va a acompañado de una retórica de mano dura y nacionalismo desbordado.

Nos recordaron, pues, todos esos millones que adoran a Trump, que el odio, en la práctica y en la retórica, es una buena inversión. Porque siempre está ahí, al acecho, pero una vez que toma las calles, las urnas y el poder es muy difícil mandarlo a guardar.

Tiene razón nuestro presidente: el tigre anda suelto.

Nydia Mejía

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba